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Patrimonio Cultural

Gótico, Renacimiento y Barroco

Gótico, Renacimiento y Barroco



La Baja Edad Media es un período que, pese a no haber dejado grandes testimonios arquitectónicos en el Pirineo, fue fundamental en la configuración histórica de estos territorios y en su evolución hasta las grandes transformaciones de la época contemporánea.

Es cierto que, a partir del siglo XIII, el Pirineo pierde protagonismo en el conjunto del antiguo reino aragonés, quedando lejos del interés de unos monarcas que, tras la conquista de Mallorca (1229) y la incorporación del reino de Valencia (1238), comienzan la aventura de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón.



Queda lejos también de los centros de poder político y económico, que se van desplazando hacia el sur (Huesca) en el siglo XII y posteriormente hacia los territorios catalanes. Estos territorios son golpeados con igual dureza que otros territorios más ricos por las largas crisis de los siglos XIII y XIV motivadas por distintos episodios, como las revueltas internas (la unión de nobles desde mediados del siglo XIII hasta mediados del XIV), las guerras exteriores (la guerra con Castilla de mediados del siglo XIV) o las epidemias (la Peste Negra también a mediados del XIV).



Sin embargo, la baja Edad Media está lejos de ser un período vacío o sin consecuencias para la historia de Sobrarbe.

Por el contrario, se trata de una época en la que se van a desarrollar varios fenómenos definitivos en la configuración histórica de la comarca, que tendrán sus consecuencias en el desarrollo de la arquitectura y que nos permitirán comprender mejor el territorio de Sobrarbe.

Severino Pallaruelo, aseguraba que en el Pirineo "el origen de casi todo lo que constituye la esencia de lo tradicional debe buscarse en la baja Edad Media", puesto que en este momento tienen lugar algunos fenómenos que afectan a la organización del territorio, a la distribución del hábitat y a la economía, con sus consiguientes correlatos arquitectónicos.



En primer lugar, en un territorio de pequeños núcleos de población se configura en este momento la red de relaciones supralocales con la concesión por parte de los reyes de ferias y mercados a determinadas villas, como Bielsa, Broto y Aínsa, enmarcada en una política global de organización del territorio aragonés y la consiguiente creación de infraestructuras como plazas porticadas y puentes.




Arquitectura gótica

Teniendo en cuenta que las poblaciones de Sobrarbe se habían configurado un par de siglos antes y se encuentran en pleno proceso de asentamiento, estructuración interna y consolidación de infraestructuras de comunicación con el exterior, se hace innecesaria la construcción de nuevas iglesias.

Tan sólo encontramos un ejemplo de iglesia íntegra e inequívocamente gótica medieval en el despoblado de Espluguiello (Hospitaled, término municipal de Bárcabo), una población fundada en esta época bajomedieval.


Despoblado de Esplugüiello

Allí encontramos una torre altomedieval ampliada, presumiblemente en el siglo XIII, hasta convertirla en un pequeño castillo, a la sombra del cual se desarrolló una aldea y una pequeña iglesia que presenta las características de las primeras manifestaciones góticas de mediados del siglo XIII.

El siglo XV está lejos de ser un siglo estable y apacible, tras comenzar con la guerra dinástica entre Fernando I y Jaime de Urgel suscitada a raíz del Compromiso de Caspe. El pretendiente al trono, finalmente derrotado, era señor de diversos lugares de Sobrarbe, como Abizanda, Morcat y Clamosa. Por ello, a lo largo del conflicto se registraron incidentes en Sobrarbe como el asedio del castillo de Abizanda o la fallida conquista de Aínsa.


Abizanda


A lo largo del siglo los conflictos se suceden: problemas con Francia (conquista de San Juan de Plan por los franceses en 1473) y problemas locales entre linajes nobiliarios ("bandos" en Aínsa) o poblaciones vecinas (ataques de Aínsa contra Banastón, Araguás y Pueyo de Araguás).

No se acometió la construcción de grandes edificios religiosos, pues las iglesias parroquiales románicas debían encontrarse todavía en buen estado. Sin embargo, el leve crecimiento de la población y la mejora generalizada de la economía, sí llevarán consigo un cambio significativo en la mejora del adorno interior de las iglesias.

Es en este momento cuando hacen su aparición en Sobrarbe los retablos pictóricos, que se adecuarán a las distintas modas estilísticas que la pintura gótica aragonesa va atravesando durante este período.

Se conocen varios de gran calidad, aunque en la actualidad están fuera de Sobrarbe, como el retablo de la Virgen, procedente de una ermita de Oto y actualmente depositado en el Museo Diocesano de Barbastro. Es una obra atribuida a Blasco de Grañén.

Juan de la Abadía el Viejo trabajó en Sobrarbe a finales del siglo XV, y es autor del retablo mayor de la iglesia de San Vicente de Labuerda y del de la ermita de San Blas de Broto, que se conserva en el Museo de Zaragoza.


Retablo de San Vicente de Labuerda




Este siglo supone una segunda gran época dorada de la arquitectura pirenaica, con una masiva construcción de edificios de todas las tipologías, en las que conviven los elementos arcaizantes con las novedades venidas del exterior.

A lo largo del siglo XVI se producen una sustancial mejora de la economía, acompañada de un incremento demográfico. Se trata de un siglo conflictivo, de gran inseguridad en el Pirineo, debido tanto a la proliferación del bandolerismo como a las revueltas antinobiliarias y a la hostilidad con el vecino reino de Francia.


Detalle de fachada en la localidad francesa de Arreau



Además, se consolida el poder de la monarquía, a través de los concejos y el obispado de Barbastro (creado a mediados del siglo) en detrimento de la nobleza y de los monasterios.

Las casas torreadas


La inseguridad continuada del mundo rural medieva desde el siglo XIV, agravada en el siglo XVI, provocará la proliferación de las casas torreadas altoaragonesas: el auge del bandolerismo, casi inexistente en la primera mitad del siglo, a partir de 1540-1560; las revueltas antinobiliarias (los vasallos del señor de Monclús a principios de siglo o las alteraciones de la vecina Ribagorza en el último tercio), que provocaban la continua presencia de partidas armadas recorriendo estos territorios; y las incursiones de hugonotes desde la vecina Francia.


Torre de Oto

En Sobrarbe hay un pequeño conjunto de torres fortificadas con características "arcaizantes", que nos suscitan la sospecha de que pudieron pertenecer al siglo anterior (torres de Oto, Fiscal, la torre de casa Buil en San Vicente de Labuerda y la casa fortificada de Lavelilla).


Casa Buil en San Vicente de Labuerda


Es, sin embargo, a partir de mediados del siglo XVI cuando se produce el gran auge de la fortificación de viviendas, coincidiendo con la aparición masiva del bandolerismo.

Son muy numerosas, destacando, por ejemplo, en la zona de La Fueva las relacionadas con la entonces poderosa familia de los Mur. Una de ellas, casa Mur de Aluján, con tres torres, es el ejemplo quizá más interesante y espectacular de la comarca.


Casa Mur de Aluján


Existen torres de planta circular como casa Palacio de Salinas de Trillo, casa Lanao y la abadía de Arro, casa Ruba de Fanlo y casa Maza de Abizanda y otras de planta cuadrangular (más abundantes) como casa del Señor en Fanlo, Morillo de Arasanz (con una torre cuadrangular almenada y otra circular), casa Carlos de Abizanda, casa Pallás de Guaso (con interesante capilla tardogótica), casa del Arrendador de Araguás, casa Juste de Arcusa, casa de El Pamporciello en La Fueva, casa Botigué de Plan, los dos ejemplos de Bergua y las ligeramente más tardías torres de Tardán en Gistaín.


Casa Palacio de Salinas de Trillo


La construcción pública: castillos, ayuntamientos y cárceles

En el siglo XVI también se construyen diferentes edificios de carácter público, elevados por diversos poderes públicos, como la monarquía, los concejos y las juntas de los valles.

Se construye el castillo de Aínsa, en torno a una antigua fortificación medieval. Esta obra se enmarca en la política general de refuerzo del Pirineo frente a Francia emprendida por Felipe II en la última década del siglo, que combinará las grandes estructuras defensivas (la Ciudadela de Jaca, el castillo de Benasque o la propia fortaleza de Aínsa) con otras más pequeñas.


Castillo de Aínsa


En Sobrarbe, desde comienzos del siglo XV y al igual que en otros lugares de Aragón, se estaba produciendo una vuelta al señorío real de numerosos pueblos hasta entonces dependientes de señoríos nobiliarios.

Muchos lugares compran su señorío y lo ponen en manos del rey: el valle de Broto en 1418, Aínsa en 1428, Boltaña en 1430, Bielsa en 1445… Como consecuencia de esto, a partir del siglo XVI las casas consistoriales comienzan a construirse en todo el territorio aragonés. El principal edificio de Sobrarbe producto de esta nueva circunstancia es el singular ayuntamiento de Bielsa.

Ayuntamiento de Bielsa

Por último, quedan por comentar algunas de las realizaciones relacionadas con la actividad y las funciones de las juntas de los valles, que habían surgido en la baja Edad Media: a partir del siglo XIV los monarcas reconocen a los valles como entidades con personalidad jurídica propia y organismos de gobierno, al tiempo que se confirman sus derechos sobre los pastos pirenaicos, comienzan a firmarse acuerdos con Francia para la gestión de los territorios fronterizos, etc., es decir, se sientan las bases del funcionamiento de la ganadería pirenaica hasta la época contemporánea.

Las juntas de los valles poseían la capacidad de administrar justicia y en el siglo XVI se construyeron dos edificios que pasaron a desempeñar muy pronto la función de cárceles de los valles. Se trata de la cárcel de Broto y de la de Puértolas.


Cárcel de Puértolas



Las iglesias del siglo XVI: gótico tardío y esporádicas manifestaciones renacentistas

En el siglo XVI se construye en Sobrarbe un elevado número de iglesias y ermitas. La confluencia de varios fenómenos (mejora de la economía, crecimiento demográfico, ampliación de los cultivos, auge del protestantismo en el vecino territorio francés) provoca la sustitución de muchas iglesias románicas por grandes templos edificados al gusto del siglo XVI, fundamentalmente en el período que va desde mediados de siglo hasta la década de 1610.

La principal característica de la arquitectura religiosa del siglo XVI en la mitad norte de nuestra región va a ser la pervivencia de la tradición constructiva gótica y el escaso arraigo de las manifestaciones del renacimiento y el manierismo, que van a limitarse a las portadas y a esporádicos elementos decorativos tanto interiores como exteriores (tondos, frisos, capiteles). Es decir, en lo específicamente arquitectónico, los edificios seguirán siendo góticos, mientras que es en lo decorativo donde ocasionalmente se impondrán las novedades renacentistas.

Iglesia de Broto

Se trata de un estilo gótico evolucionado donde los espacios interiores son más amplios, unitarios y regulares; y donde unos nuevos soportes más esbeltos y armoniosos sostienen las nuevas bóvedas de crucería estrellada, más ligeras, dinámicas y fluidas que las crucerías simples del gótico medieval.

En definitiva, el gótico tardío del siglo XVI puede verse (como han señalado algunos estudiosos) como una revisión modernizadora de la tradición medieval paralela a la que realiza el renacimiento italiano. Sin embargo, en lugar de basarse en la recuperación de la antigüedad griega y romana como es característico del renacimiento italiano, se basará en la renovación de esa propia tradición.

En general, las iglesias de Sobrarbe adoptarán la tradicional planta gótica de iglesias de una nave con cabecera recta o poligonal, y con o sin capillas laterales. Siguiendo estas pautas, encontraremos numerosas variantes. Pertenecen a este conjunto las iglesias de Arcusa, Buesa, Ceresa, Paúles de Sarsa, Revilla, Alastrué, Olsón, Castejón de Sobrarbe, Abizanda, Broto, Boltaña, Banastón, Latorrecilla, Puértolas, Formigales, Coscojuela de Sobrarbe, Mediano, El Pueyo de Araguás, La Pardina, Latorre, Morillo de Tou, Bielsa, Fiscal, Berroy y Linás de Broto.


Iglesia de Boltaña

La pintura mural religiosa del siglo XVI

En las iglesias de Sobrarbe podemos encontrar todavía numerosas muestras de un fenómeno que resurge en la Edad Moderna con cierta pujanza: la pintura mural.

Se trata de pinturas de carácter popular, realizadas por artistas locales o itinerantes sin excesiva formación u oficio, y que no se acomodan a los rasgos estilísticos de las manifestaciones artísticas renacentistas y barrocas, lo que imposibilita en la mayor parte de los casos su correcta datación.

Habitualmente, se suelen caracterizar asignándolos a un amplio y cómodo abanico cronológico entre los siglos XVI y XVIII, si bien la mayor parte, corresponden al período barroco.

Sin embargo, el conjunto pictórico más conocido, y de mayor calidad, el de la cabecera de la iglesia de San Juan de Toledo de la Nata, es el único que podemos fechar con seguridad en el siglo XVI (concretamente en 1599) gracias a una inscripción epigráfica.






Fueron realizadas con gran probabilidad por el pintor que decoró la iglesia de Bourisp, en el valle de Aure, y relacionadas iconográfica y estilísticamente con las pinturas contemporáneas tanto de este valle como del vecino valle de Louron.



La mayor parte de las realizaciones artísticas barrocas de la comarca de Sobrarbe se ejecutan ya bien entrado el siglo XVIII.

El siglo XVII será en todo el Pirineo un período de profunda crisis económica y de retroceso demográfico.

Los inicios de la recuperación económica y demográfica no comenzarán a vislumbrarse hasta la década de 1730 y se consolidarán a lo largo del resto de un siglo de prosperidad creciente. Durante ese período se construirán los principales edificios barrocos de Sobrarbe, con fechas tan avanzadas como 1777 para la iglesia de Ligüerre de Ara, 1781 para la de Betorz o 1786 en el caso de Griébal.

Iglesia de Betorz


Los rasgos arquitectónicos del barroco en Sobrarbe


La mayor parte de las ermitas de Sobrarbe datan del siglo XVII y, especialmente, del XVIII.

Se trata en general de sencillas construcciones de tipo popular, con planta rectangular y un espacio interior unitario cubierto con una bóveda de cañón, cuyo interés hay que buscarlo más en factores antropológicos que artísticos.

Sin embargo, destacaremos aquí dos edificios, una ermita y un santuario, que aúnan el interés de su arquitectura y decoración con su trascendencia histórica y cultural: la ermita de San Úrbez de Albella y el santuario de Santa María de la Nuez en la localidad del mismo nombre.


Ermita de San Úrbez en Albella


Santuario de Santa María de La Nuea


En el siglo XVIII se elevan un cierto número de iglesias en estilo barroco, entre las que podemos destacar las parroquiales de las siguientes poblaciones: Betorz, Clamosa, Escanilla, Griébal, Lapenilla, Ligüerre de Ara, Torla y Trillo.

A ellas deberemos añadir la nueva iglesia del monasterio de San Victorián y la parroquial de Labuerda, que databa del siglo XVI y es profundamente reformada y ampliada en época barroca.

La decoración de las iglesias

Para conseguir la sensación de abigarramiento, fluidez y dinamismo características del gusto barroco en el interior de los templos se realiza una profusa decoración pictórica o escultórica que, junto con el encalado de los muros, contribuye a ocultar y enriquecer unos interiores generalmente austeros y realizados con materiales de escasa calidad.

Para la elaboración de estas decoraciones se van a utilizar fundamentalmente dos técnicas: los relieves en yeso y, especialmente, la pintura mural.

La decoración de yeserías es muy poco frecuente en Sobrarbe pero la encontramos en una de las grandes obras del período, la nueva iglesia del monasterio de San Victorián. Allí se conserva todavía en las enjutas de las arquerías de la nave central y en el arranque de las pechinas que sustentaban la cúpula del crucero.

Presenta una profusa y dinámica decoración de tipo vegetal y geométrico: hojas voluminosas y carnosas, cardinas, tornapuntas…



En cuanto a la decoración pictórica, encontramos dos tipologías fundamentales: la pintura de elementos arquitectónicos con carácter ilusionista y la pintura figurativa.

La pintura de elementos arquitectónicos trata de fingir, en interiores sencillos y desnudos, la existencia de elementos barrocos que enriquezcan la austeridad de la arquitectura.

Este recurso se utiliza tanto para decorar iglesias construidas en este período como para adaptar al gusto barroco interiores más antiguos, como el románico de San Vicente de Labuerda. La veremos igualmente coexistir con decoración figurada en algunos abigarrados interiores, como el de la ermita de San Hipólito de Castejón de Sobrarbe.



Ermita de San Hipólito en Castejón de Sobrarbe


Por lo que se refiere a la pintura figurativa, se trata de conjuntos pictóricos que representan escenas alusivas a la biografía del titular de la iglesia, episodios de la vida de Cristo o exaltaciones de la Virgen.


Ermita de San Hipólito en Castejón de Sobrarbe

Entre ellos destacaremos el mencionado conjunto dedicado a San Hipólito en Castejón de Sobrarbe y los conjuntos de Burgasé (donde se combina la representación simbólica de la pasión y resurrección de Cristo con alegorías de exaltación mariana) y de Santa María de Muro de Roda (cuya nave románica se decoró con escenas también relacionadas con la Pasión).


Iglesia de la Asunción en Muro de Roda