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PATRIMONIO MUNDIAL PIRINEOS-MONTE PERDIDO

Paisaje: naturaleza y cultura

La explotación forestal

El uso de la leña de los bosques fue un recurso de primer orden para las gentes de la zona.


Solían realizarse podas en robles y carrascas para aumentar la producción de bellotas, que alimentaban a los cerdos, a la vez que se obtenía leña para encender fuego en el hogar de la casa.


También se extraía madera para elaborar muebles, herramientas y útiles de uso cotididano.
Pero la explotación de los mejores bosques se realizaba para obtener largos y fuertes fustes que, en forma de nabatas o almadías, descendían por el río Cinca hasta las lejanas tierras del Valle del Ebro o incluso Tortosa.


En el territorio del bien Pirineos-Monte Perdido y su inmediato entorno, el estrecho cauce de ríos y barrancos no permitía este tipo de navegación. Por ello, el primer traslado se realizaba con bueyes y mulos hasta las orillas de algún arroyo donde se arrojaban. Mediante largas pértigas eran conducidos hasta las orillas del río Cinca, en un proceso conocido como "barranquiar".


Esta rica cultura de navegación fluvial llegó a perderse por completo aunque dio lugar, a partir de 1983, a su reconversión en forma de fiesta de hermanamiento comarcal.
Desde entonces, cada tercer domingo de mayo, las nabatas vuelven a recorrer el tramo comprendido entre Escalona-Laspuña y Aínsa. Miles de personas se acercan hasta las riberas y los puentes del Cinca para disfrutar de esta celebración que nos habla de nuestros orígenes, de una forma diferente de relacionarse con el medio, de la cultura de unos hombres y mujeres que crearon un universo de representación, léxico, técnicas, rituales y relaciones entorno a la explotación forestal y el transporte de la madera.


La actividad tradicional se convierte en fiesta, en agente cohesionador de la sociedad, en un momento de celebración, alegría y exaltación de lo colectivo, regenerador e ilusionante.