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PATRIMONIO MUNDIAL PIRINEOS-MONTE PERDIDO

Paisaje: naturaleza y cultura

Técnicas artesanales tradicionales

El mantenimiento de las técnicas tradicionales de trasformación de materias vegetales, animales y minerales propias del entorno del Bien ha llegado hasta nuestros días de manera muy reducida aunque todavía pervive su recuerdo y conocimiento entre las personas más mayores de la zona.

En cuanto a la alimentación era fundamental la molienda de los granos de cereal para la fabricación de la harina y la elaboración del pan. Esta operación se realizaba en molinos que aprovechaban la energía hidráulica de ríos y torrentes. El pan se elaboraba en cada casa y eran las mujeres las encargadas de su realización debiendo cernir la harina, amasarla, añadir la levadura, dejarla fermentar y cocerla en el horno doméstico.


En zonas húmedas se sembraba cáñamo con el que, tras un fatigoso proceso de trasformación, se realizaban mandiles y otros aparejos usados en el trasporte de diversos elementos.
La lana era el otro material usado para la fabricación de prendas de vestir. Después de esquilarla había que lavarla, cardarla, formar copos e hilarla con la rueca y el "fuso".


La cestería solía ser un trabajo realizado por personas que deambulaban de pueblo en pueblo. Por ello, cuando una familia precisaba de su servicio, solía tener preparados los "bimbres" que luego se convertían en capazos, cestos y otras piezas.
Los basteros fabricaban aparejos para el manejo de las caballerías como "colleras", "bastes" y "albardas", a base de piel curtida.
Los herreros se ocupaban de la elaboración y arreglo de útiles del campo, de herrar las caballerías y de dar forma a piezas de uso doméstico como "cremallos" o rejas de balcones.
En su trabajo era fundamental el uso de carbón vegetal que solía fabricarse en la zona en las tradicionales carboneras, colocando la leña cortada en un montón, cubriéndola de tierra y prendiéndola por debajo para que se fuera carbonizando.


Con la madera los carpinteros fabricaban muebles y útiles agrícolas. El uso de madera boj solía reservarse para la fabricación de objetos de cocina como cucharas, tenedores y hasta morteros y fue bastante habitual en los Valles de Vió y Puértolas.


En cuanto a las labores de construcción, además de los albañiles profesionales, muchas personas sabían trabajar la piedra y conocían la técnica de colocación de las losas en los tejados.


También era frecuente que se cociesen piedras calizas en unos pequeños pozos de cal para obtener la cal que formaba parte de la argamasa que ligaba las piedras de las paredes y con la que se "blanquiaba" el interior de las casas.