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PATRIMONIO MUNDIAL PIRINEOS-MONTE PERDIDO

Paisaje: naturaleza y cultura

El aprovechamiento del agua

El agua es un elemento esencial en todo paisaje de montaña, pues además de ser uno de los principales agentes modeladores del relieve, es fuente de vida y mantenimiento de los ecosistemas naturales.


A lo largo del tiempo, el agua ha sido un elemento clave para la vida cotidiana de los habitantes de la montaña. Ya en tiempos prehistóricos, los primeros cazadores y pescadores del Paleolítico utilizaron los cursos fluviales como principales vías de comunicación, por los cuales podían penetrar en las montañas para alcanzar los mejores cazaderos y lugares de pesca.


Si el agua siempre fue importante en la montaña, cabe pensar que en el macizo de Monte Perdido lo fue mucho más dada su escasez en lugares alejados de los ríos, debido a la naturaleza calcárea de la roca.
Su presencia condicionaba el manejo de los ganados en la montaña, así como vida cotidiana de los pastores. La localización de los refugios y mallatas de los pastores respondía, en muchas ocasiones, a la presencia manantiales o riachuelos.


Además, el agua ha limitado enormemente las comunicaciones y la expansión de cultivos y asentamientos.
Durante siglos, las gentes de la montaña han tenido que construir puentes y pasarelas para atravesar ríos y barrancos. Así se han creado algunos de los paisajes más bellos y emblemáticos del bien Pirineos-Monte Perdido, como el enclave formado por el puente de San Úrbez sobre la garganta del río Bellós o el de Bujaruelo.


La fuerza del agua también ha sido aprovechada por el hombre para mover artefactos capaces de mejorar su calidad de vida y el desarrollo de la sociedad. Se construyeron molinos, azudes, acequias, canales y presas, gracias a los que se obtuvieron bienes tan preciados como la harina o la electricidad.