unesco_mp_head

PATRIMONIO MUNDIAL PIRINEOS-MONTE PERDIDO

De un vistazo

El Bien Pirineos-Monte Perdido fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1997.
Este espacio comprende el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido en España y el Sector central del Parque Nacional de los Pirineos en Francia.


Es un territorio abrupto y salvaje que ha sido testigo del trasiego constante de gentes, bienes e ideas desde el principio de los tiempos.

A lo largo de la historia, las personas que han habitado estas tierras han dejado una profunda huella cultural e histórica en el territorio. Los municipios ubicados en torno al bien Pirineos-Monte Perdido (Torla, Broto, Fanlo, Bielsa, Puértolas y Tella-Sin; en España y Gavarnie, Gédre y Aragnouet, en Francia) han compartido vivencias, espacios, acontecimientos económicos, políticos, religiosos, militares, intercambios... en definitiva una cultura común, que siglo a siglo se ha ido construyendo y transmitiendo a las siguientes generaciones.

Los primeros pobladores habitaron estas tierras en la Prehistoria, y todavía se conservan restos de los cazadores-recolectores de época paleolítica y, especialmente, de la cultura agro-pastoril del Neolítico y de la Edad de los Metales.

Grupos celtas, provenientes de Europa, se instalan en el territorio y dejan su impronta en la toponimia y en los cultos.

En la zona de montaña la forma de vida es básicamente ganadera, y poco a poco, se consolida el mapa político y cultural que se encontrarán los romanos a su llegada.

Los griegos pusieron el nombre de Montes Pirineos a las montañas que conforman nuestro paisaje, pero fueron los romanos los que llevaron a cabo varias campañas de sometimiento en el Pirineo, después de diversas alianzas y traiciones por parte de Roma hacia algunos pueblos indígenas.

Las cabeceras de los ríos Ara y Cinca se circunscriben entonces al Territorium Boletanum, es decir, a la civitas cuya capitalidad administrativa, económica y militar se encuentra en la actual Boltaña.

El siglo V se establece el reino visigodo con capitalidad en Toledo. Durante este periodo se respetarán prácticamente todas las instituciones y estructura organizativa de época romana.
El empuje de los francos en la frontera norte del reino supone un gran desgaste para el reino visigodo, que se ve invadido por el sur por un enemigo aún no suficientemente calibrado: los musulmanes.

Éstos dominarán el territorio hasta principios del siglo XI, cuando Sobrarbe sufre aún ataques de castigo de su zona media de la mano de Abd al Malik, el hijo de Almanzor.
Sin embargo, desde el siglo X comienza el predominio del reino navarro en la zona con monarcas como Sancho Garcés I. A comienzos del siglo XI, Sancho Gracés III el Mayor unifica el territorio, construyendo importantes fortalezas militares.

Tras la muerte de este monarca en 1035, su hijo Gonzalo hereda los territorios de Sobrarbe y Ribagorza. Su temprana muerte en 1045 permite la anexión de este territorio al de Aragón, bajo el mandato de Ramiro I.

Esta época está marcada por las características del sistema feudal, el esplendor del arte románico y el apogeo del Camino de Santiago.

En el siglo XII nace la Corona de Aragón, en la que una sola persona reunirá en su figura varios estados bajo su cetro. Cada uno con sus leyes, jurisdicciones, cortes y parlamentos como una confederación de estados a cuya cabeza se colocará el rey de Aragón.

En el siglo XIII Pedro II de Aragón pierde la Provenza y la sumisión de los condes de Tolosa, que pasarán al dominio del rey de Francia.
Por primera vez, el territorio pirenaico estará dividido en dos estados diferentes, y por tanto, bajo el mandato de diferentes soberanos.

En el siglo XIV surgen las facerías o tratados entre los valles para el control y aprovechamiento de los pastos del Pirineo, que seguirán vigentes hasta época contemporánea. Aragón va perdiendo peso en la Corona y se inicia la guerra contra Castilla.

En el siglo XV el Compromiso de Caspe instaura en Aragón una nueva dinastía de origen castellano, los Trastámara, y genera importantes conflictos en el Altoaragón.

En 1416 Alfonso V inicia una nueva guerra contra Castilla y Francia. Como el peligro de invasión es evidente, manda fortificar toda la línea pirenaica.

El rey fortalece la monarquía recuperando algunas villas entregadas anteriormente en señorío como Broto o Bielsa.

La nueva época del imperio hispánico se inicia cuando en 1479 Fernando (esposo de Isabel I reina de Castilla) se convierte en rey de Aragón.

La inseguridad, los conflictos entre bandos nobiliarios, los desacatos al poder real, los disturbios generados por la escasez y la lucha contra la herejía caracterizan los siglos XVI y XVII.

En 1701 la Guerra de Sucesión volverá a traer el conflicto armado a nuestro territorio. Tras el Tratado de Utrech en 1713, España queda completamente hundida tras una guerra civil que la ha desangrado, empobrecido y en la que ha perdido su poder y prestigio a nivel mundial.

El siglo XIX comienza con la ocupación francesa de España y la Guerra de la Independencia. En Aragón surge la figura del contrabandista, que pasa mercancías de una parte a otra de la frontera franco-española.

A partir de mediados de siglo, comienzan a llegar al Pirineo viajeros y excursionistas que nos han dejado un importante legado fotográfico y literario.

Simultáneamente, el aumento de la población y las malas cosechas ponen en marcha un proceso de emigración de los altos valles de la montaña a la tierra llana.

Las primeras décadas del siglo XX están caracterizadas por la política de creación de centrales hidroeléctricas, por la declaración del valle de Ordesa como Parque Nacional, y por la apertura de nuevas carreteras que mejoran considerablemente las comunicaciones.

Los tristes acontencimientos de la Guerra Civil provocan desolación y gran dolor en el territorio y originan importantes desplazamientos de población, atravesando los puertos de montaña rumbo a Francia. Tiene lugar el emblemático episodio de la Bolsa de Bielsa.

Tras la guerra se instaura la dictadura franquista. Se acentúa los procesos migratorios que llevan a los habitantes de estas montañas a emigrar a las ciudades.

El inicio de la democracia ofrece nuevas posibilidades de futuro, y el sector servicios relanza la economía. La población aumenta levemente y el turismo se convierte en un motor de desarrollo esencial.