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PATRIMONIO MUNDIAL PIRINEOS-MONTE PERDIDO

Los Romanos

Pueblos prerromanos

A la llegada de Roma a la Península, el Altoaragón alberga a varios pueblos de diferente cultura y adscripción. Al Noroeste se sitúan los iaccetani, poco iberizados y según parece de estirpe aquitano-vascona, y al Sur y Sureste, desde Huesca hasta Lérida (Osca-Ilerda), los ilergetes, posiblemente el pueblo más poderoso de todos los iberizados.

Sin embargo, para la montaña central y oriental de nuestra provincia las noticias no son claras. Es posible que el pueblo que lo habitase fuera el de los cerretanos, que aparecen tardíamente en las fuentes. En cualquier caso este pueblo habría quedado al margen de las corrientes iberizantes anteriores y, además, habría también plantado cara en un primer momento a la conquista romana.

La llegada de los romanos

En el contexto de la II Guerra Púnica el cartaginés Asdrúbal recluta hispanos, muchos de ellos de las montañas pirenaicas. El general romano Cneo Cornelio Escipión desembarca en Ampurias -colonia griega del Mediterráneo- en el año 218 a.C.

Es el comienzo de la conquista romana de Hispania, que no parará hasta la rendición y esclavización de los últimos pueblos dominados: los cántabros y los astures, que sucumbirán en el 19 a.C.

En el Pirineo y Nordeste peninsular se llevan a cabo varias campañas de sometimiento. Dominan la región hacia el 180 a.C. después de varias alianzas y traiciones por parte de Roma hacia algunos pueblos indígenas.

Organización político-administrativa del territorio

Dentro de la división peninsular hecha por Roma nuestro territorio se adscribe a la Hispania Citerior, más tarde a la Provincia Tarraconense, dentro del Convento jurídico cesaraugustano.

Las cabeceras del Ara y del Cinca se circunscriben, en la división interna menor de los municipios, al Territorium boletanum, es decir, a la civitas cuya capitalidad administrativa, económica y militar se encuentra en la actual Boltaña.

Hemos de intuir que, aunque los altos valles se encuadran ya de pleno en la administración romana, la vida económica y social no diferiría mucho de anteriores etapas, siendo la actividad pastoril su principal sustento.

Declive del dominio romano

Hacia finales del siglo II a.C. el Imperio entra en un lento declive. La vida va poco a poco ruralizándose.

Se abandonan las ciudades y los grandes potentados se van a vivir al campo, donde se construyen las villae, unidades de explotación agroganaderas y centro de su refinada vida social y religiosa.

En la montaña no tenemos constancia de ninguna de estas villas, lo cual es lógico, por otra parte, pues las comunidades existentes serían principalmente pastoriles, lo que las convierte en poco apetecibles para estos señores.