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PATRIMONIO MUNDIAL PIRINEOS-MONTE PERDIDO

Paisaje: naturaleza y cultura

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«Pirineos-Monte Perdido»

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Piso Alpino (2.200-3.000 m)

Agrupaciones de gleras y canchales

La dureza del medio no impide que la vida se desarrolle con éxito. Esto es lo que ocurre en las grandes acumulaciones de piedras procedentes de las crestas superiores tras haber sido fragmentados por procesos de gelifracción.

Aunque muestran una apariencia un tanto monótona y desprovistas de vida, lo cierto es que en ellas crecen diversas plantas perfectamente adaptadas a un medio hostil, inestable y dinámico. Son numerosas las estrategias utilizadas por estas plantas para sobrevivir en este medio, como es la existencia de numerosas raíces que facilitan su anclaje en el terreno, su elasticidad o la elevada capacidad de regeneración de los tallos.
Es precisamente en las gleras del macizo de Monte Perdido donde se concentra el mayor número de endemismos vegetales del Pirineo Central: Crepis pugmaea, Carduus carlinoides, Cirsium glabrum, Saxifraga aizoides, Borderea pyrenaica, Potentilla nivalis, Vicia argentea, Aquilegia pyrenaica, Verónica aragonensis y Campanula speciosa.

Comunidades de ventisqueros

Estas comunidades vegetales se localizan en la franja altitudinal comprendida entre los 2.200 y los 2.800 m de altitud. Estas áreas se encuentran por encima del límite superior del bosque, aunque algunos pinos negros crecen de forma dispersa llegando a alcanzar los 2.750 m.

El clima es extremo a lo largo de todo el año. Durante el verano las especies sufren el efecto de los fríos y heladas nocturnas, seguido de las altas temperaturas y alta radiación solar durante el día. Dado que en estas áreas la innivación es intensa y se prolonga hasta 10 meses, las plantas que aquí crecen están adaptadas a resistir el peso de la nieve y la elevada humedad del suelo.

Entre las especies leñosas destacan los tres tipos de sauces enanos (Salix retusa, S. reticulata y S. herbacea) en el piso alpino y el Salix pyrenaica en el piso subalpino.

Es habitual encontrar diversas especies de musgos y líquenes que se desarrollan en la superficie de las rocas.

Por encima de los 2.800 m y hasta los 3.355 m correspondiente a la cumbre del Monte Perdido, se localiza el piso subnival. En estos sectores más elevados y extremos en cuanto a la dureza impuesta por el medio físico, tan sólo se desarrollan las comunidades pioneras en grietas y acumulaciones de piedra, como silenes o saxífragas, entre otras. El ciclo vital de las plantas es muy breve, ya que durante muy poco tiempo el suelo está desprovisto del manto de nieve.

Comunidades rupícolas

Los cantiles rocosos y grandes farallones son una constante en el Bien "Pirineos-Monte Perdido". De hecho, este tipo de hábitat es uno de los más característicos y singulares de este sector de la cordillera pirenaica.

En la superficie de crestas, roquedos y paredes se desarrolla una comunidad florística de excepcional valor y abundante en endemismos. Algunas de ellas han pasado a convertirse en verdaderos símbolos de la riqueza botánica de estas montañas, como es la oreja de oso (Ramonda myconi) o la corona de rey (Saxifraga longifolia). Otras muchas plantas podrían citarse, entre las que figura la Lonicera pyrenaica, Petrocoptis crassifolia, té de roca (Jasonia saxatilis), zapatito de la Virgen (Sarcocapnos enneaphylla) o la grasilla (Pinguicula longifolia), planta insectívora muy abundante en los farallones de Añisclo y Escuaín en los que rezuma el agua.

Turberas y comunidades fontinales

En lugares de escasa pendiente, deprimidas y con abundante presencia de agua, se desarrollan unas comunidades vegetales adaptadas al encharcamiento permanente. Entre las especies características de estos ambientes figura el escobizo (Molinia coerulea), Carex davalliana, Carex fusca y Eriophorum angustifolium.

Cursos de agua. Río, arroyos y torrentes de montaña

En las orillas de los ríos se desarrolla la vegetación de ribera sobre el lecho de gravas y gleras que temporalmente pueden verse sometidas a la acción de las crecidas.

La vegetación se dispone en franjas paralelas al cauce de los ríos. Las diferentes especies se distribuyen en el espacio en función de su tolerancia al encharcamiento de sus raíces o su resistencia frente a la corriente.

Un gran número de plantas, amantes de la humedad, prosperan en estos ambientes, como diversas especies de sauces, álamos, chopos, abedules, fresnos, etc.

En los cauces más estrechos y encajados, donde tan apenas existe espacio ribereño para el desarrollo de las comunidades riparias, el avellano suele sustituir a chopos y sauces. Lo pueden acompañar otras especies, como arces, abedules, servales, mostajo, tilos e incluso hayas.

Encontramos buenos ejemplos de bosque de ribera en el valle de Pineta, entorno de San Nicolás de Bujaruelo o algunos tramos del río Arazas.